MEDIAS VERDADES- El sueño de Quirón

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Los Centauros en la mitología griega, tienen orígenes muy variados. Sus historias siempre son utilizadas para graficar la lucha entre la barbarie y la civilización. No tienen en su haber, historias de valor o coraje. Nunca son mencionados por sus logros o actos destacados. Sin embargo, uno de ellos rompió con esa línea y cada vez que su nombre aparece, esta relacionado con un espacio de sabiduría, de fuerza, de entereza o de bondad. Si existió un centauro que se destacó por sobre sus pares, ese fue Quirón.

Quirón vivía en una cueva del monte Pelión, en Tesalia, y fue un gran educador en música, arte, caza, moral, medicina y cirugía, y tutor de varios de los héroes más destacados en la mitología griega. Se dice que el mito de Quirón está estrechamente relacionado con las profesiones de médico y psicólogo. De hecho, la palabra “Quirón” etimológicamente significa ‘hábil con las manos’ o ‘el que cura con las manos’. La palabra quirófano se deriva de este personaje.

  • ¿Quién te dijo que la vida es fácil?

Esas palabras de su padre eran las que resonaban en su mente a diario. Cada vez que algún inconveniente aparecía en su camino, cada vez que se sentía sin fuerzas para seguir volvía a ver a su padre hablándole y enseñándole con gran paciencia.

Abandonado al nacer, fruto de una historia tortuosa entre Cronos y Filiria, fue adoptado por Apolo y Atenea, quienes lo criaron como si fuera su hijo. Ellos inculcaron en Quirón la bondad, la sabiduría y también le enseñaron las artes curativas del cuerpo y de la mente.

Quirón vivía en un mundo de hombres, dioses y semidioses como él. Pero entre ellos era el único en su especie. Los centauros vivían en otras latitudes, pero a diferencia de él, eran barbaros, y salvajes. Durante toda su vida se esforzó por ser aceptado, por vivir una vida como cualquier otro. Para el, el esfuerzo siempre era mayor. Toda tenía dificultades. No podía compartir las mesas y sentarse a compartir, por su tamaño no podía acceder a los espacios de uso común. Y a veces cuando lo conseguía, también era acompañado por un millón de miradas. De niño también tuvo dificultades. No podía jugar como los demás, eso lo compensó con el estudio que le propiciaban sus padres. En su juventud, hizo amigos en quienes confió, más nunca se sintió lo suficientemente cómodo para entregarse por completo. Siempre tuvo el pensamiento de que no eran del todo sinceros. Completo sus estudios y entrenamientos, con mucho esfuerzo, como todo en su vida, siempre dudando de sus capacidades, siempre creyendo que su condición lo separaba del resto. Sentía muchas veces que estaba cansado de siempre tener que hacer dos o tres veces el esfuerzo que hacían otros para llegar a la meta, para lograr lo que buscaba. Pero al lograr sus objetivos volvía a sentirse entero, y avanzaba.

En esos tiempos el único lugar donde se sentía tranquilo era en sus sueños. Desde que cumplió 15 años, cada noche, al dormir, viajaba a otro mundo, a otro tiempo, donde era otro ser, donde vivía otra vida. Al cerrar los ojos, dejaba de ser Quirón y se convertía en Augusto.

Augusto era un joven de veintitantos años, que vivía en una ciudad extraña para Quirón, en un tiempo que no era el suyo. Las cosas que veía en ese sueño no existían en su época. Los vehículos no eran traccionados por animales. Se movían solos. Las construcciones eran distintas, las calles, la gente. Todo parecía ser absolutamente extraño. En sus sueños, Quirón podía ver, sentir, y entender lo que ocurría. Pero no podía tomar decisiones, ni responder, ni actuar en consecuencia. Sus sentidos eran los de Augusto, él podía oír sus pensamientos, sentir sus emociones, sin embargo, no tenía dominio sobre ellas. Era un espectador privilegiado, de la vida de un ser humano, que nacería 10000 años después que el, en otro mundo, en otra dimensión. Augusto, a diferencia de Quirón, había nacido en una familia amorosa, que a pesar de las dificultades que tuvo al nacer, no lo abandonaron. Un problema incurable en su columna, le impedía mover la parte inferior de su cuerpo, y a la vez eso al crecer le provocaría otras complicaciones, las cuales, con muchísimo trabajo, con muchísimos cuidados, muchas operaciones y, sobre todo, un amor incalculable de parte de sus padres pudo superar, no sin graves consecuencias en lo físico. Augusto debería pasar toda su vida en una silla de ruedas.

Quirón vivía esa vida como un descanso de la suya, donde sus padres adoptivos le exigían ser alguien que se destacara por sobre los demás, donde debía demostrar que era el mejor para recibir una muestra de aceptación. Él podía sentir el amor de las personas que rodeaban a Augusto, recibía con tanto beneplácito aquel cariño, y los cuidados. Miraba a la madre desde sus ojos, y podía percibir el inmenso amor que había en ellos, también sentía la protección que siempre le brindaba la familia y sus amigos. A pesar de ello a Augusto le costaba verlo. Tenía dudas sobre sus capacidades, también dudaba de quienes lo rodeaban. Sufría por su condición y por verse confinado a aquella silla de ruedas. Privado de tantas cosas que podía disfrutar. Quirón hubiera querido poder hablarle, decirle que cambiara su mirada, que se refugiara en el amor de su familia y se fortaleciera en él. Que viera todos los logros que había conseguido, que abrazara los momentos compartidos, y las alegrías de cada paso avanzado. Para Quirón, Augusto a pesar de sus problemas, era un privilegiado, y él estaba agradecido de poder percibir todo lo bueno que había en esa vida tan lejana a la suya. Pero siempre, cada amanecer debía despertar.

El tiempo paso, y Quirón siguió creciendo y viviendo aquella vida extraña en la mente de Augusto. Era su descanso. Todo lo que creía necesitar de la vida, estaba ahí. Todo el amor, toda la protección estaban ese ese pedacito de universo que cada noche se animaba a invadir.

Una mañana su padre Apolo, le dio una noticia que lo desbasto.

–              Entre los Dioses, hemos descubierto quienes son tus padres. Y, en consecuencia, determinamos que tú eres un semidios, y por ello, también eres inmortal.

No pudo soportar la idea. Aquella vida tan ardua, tan difícil, además seria eterna.

Se retiro un tiempo a pensar, y decidió que, si su destino era ese, aprovecharía cada minuto de su vida en compartir sus dones con quien quisiera tomarlos. Así comenzó su camino de héroe. Ayudando a muchos otros con su sabiduría, como cuando su amigo Peleo, padre de Aquiles, se lo entrego para que lo entrenare en las artes de la guerra, tanto físicas como intelectuales. Esto ocurrió después de que lo hubiera salvado de una muerte segura a manos de un grupo de centauros salvajes, donde había sido llevado por engaños por Acasto, a quien le había robado su esposa.

Así Quirón comenzó a hacerse famoso, y muchos venían a él en busca de sus consejos y de su ayuda, y de a poco el comenzó a encontrar paz en aquello. Abrir su corazón, compartir sus sentimientos, ayudar a otros a ver aquello que no podían ver, sanar sus almas y sus cuerpos eran actos que le permitían disfrutar de su vida. Aunque sin sentirse amado.

Sin embargo, cada noche, volvía a vivir la vida de Augusto, y era allí donde encontraba el amor, y donde volvía a cargar de energías su propio espíritu.

Quirón no entendía porque Augusto no sentía ni veía lo que él podía ver y sentir. Le hubiera encantado encontrar la forma de poner en su mente, todo aquello. Aunque podía a ayudar a muchos en su realidad, en ese mundo nada podía hacer.

Un día, Heracles, uno de sus amigos, le pidió que lo acompañara al campo, y al llegar a un bosque, un grupo de centauros salvajes salió a su encuentro. Quirón corrió hacia ellos para defender a su amigo, y se mezcló entre los atacantes. Heracles tomo su arco, y lanzo una flecha envenenada, la cual desgraciadamente hirió a Quirón, el grito de dolor asusto a los atacantes y huyeron.

Heracles, llego hasta el, y lo ayudo a volver al pueblo. Quitaron la flecha, pero el dolor permanecía. Por el veneno, Quirón debería haber muerto, pero su inmortalidad no lo permitía, y la herida no sanaba. Por las noches, solo bebiendo algunos preparados, lograba dormir y descansar. Y en sus sueños el dolor no estaba.

Augusto crecía y seguía superando obstáculos, uno detrás de otro. Siempre con su fuerza propia, y acompañado del inmenso amor de quienes lo rodeaban. Pero también cada tanto se sentía abatido, cansado y volvía a caer en la pesadez de los pensamientos negativos. Aquello lo ponía en lugares incomodos, y lo dejaba sin ideas.

Quirón seguía buscando la manera de ayudarlo, y a pesar del dolor insoportable que le producía la herida, cada día estudiaba sobre los sueños, y buscaba en otros sabios las respuestas que necesitaba.

Zeus, sabia del sufrimiento de Quirón, y fue a verlo.

–              Quirón!! Se de tu sufrimiento, y he visto tu inmensa tarea ayudando y enseñando a otros, quisiera poder ayudarte. Dime… ¿Qué es lo que más deseas?

–              Solo quisiera poder ayudar a alguien, mas no se aun como hacerlo. Él no está en este mundo, solo puedo verlo en mis sueños.}

–              Aun, a pesar de tu inmenso dolor, ¿eres capaz de pensar en otro ser antes que en ti mismo?, Cuanta bondad hay en tu corazón!! ¡¡Permíteme ayudarte!! Curare tu herida, y te permitiré morir. ¡¡Mas tu eternidad quedara grabada en las estrellas!! Y también, te daré el poder de compartir tu sabiduría, con aquel ser a quien visitas en tus sueños.

Quirón agradeció a Zeus por sus regalos, y ofrendo su inmortalidad para que Zeus dispusiera de ella. Su herida sanó y su dolor desapareció.

Aquella noche, al dormir, despertó como cada vez en la mente de Augusto. Pero algo había cambiado. Podía compartir con el todo lo que quería. En su gran sabiduría, comenzó de a poco amostrarle nuevos caminos, otras miradas, a disfrutar de sus logros y de sus fracasos. A tomar los aprendizajes y aprovecharlos a entender que la vida está llena de problemas, sin importar como te presentes a ella.

Los años fueron pasando, y Augusto creció y maduro sabiamente. Se convirtió en un hombre feliz, que compartía su vida y experiencia con otros, ayudaba a los que se lo pedían y comprendía a quienes lo rechazaban. Encontró caminos que antes no había visto. Vivía su vida con la ansiedad de un león. Adoraba dormir exhausto de un día provechoso, porque cada noche desde hacía muchos años, al dormir se convertía en un héroe mitológico, un centauro orgulloso de su especie, de sus fuerzas, de su sabiduría

Cada noche, en sus sueños, se llamaba Quirón.

 

 Cesar Ocaña
Certificado como Coach Ontológico Profesional, por ECOA, Escuela de Coaching Ontológico Americano, sede Salta.
Certificación avalada por la AACOP y la FICOP.

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